René Descartes: Nunca sabrás si estás despierto

Supongamos que es posible que, en forma de creencia positiva, me esté persiguiendo un asesino que se suponía muerto. Además supongamos, aunque habrá quien crea que ya es mucho suponer, que pueda creer que así fue de forma particularmente fehaciente porque, no sé muy bien como, asistí a su ejecución pública por parte de una turba alocada -y, discúlpenme, pero esto se lo contaré en otra ocasión- que me condujo quizás a estar en el lugar equivocado en el peor de los momentos posibles. Seguramente estar delante de él cuando atestiguo con voz ridículamente solemne que volvería a cobrarse la vida de todos los involucrados con un tono particularmente solemne, ¡como si alguien que estuviera en llamas estuviera para solemnidades!, que nos atacaría allá donde no podemos defendernos. Por supuesto yo pensaba que se refería a ataques en la ducha disfrazado de anciana o, quizás en un toque de mayor refinamiento, atropellarnos con un Land Rover mientras andamos por el bosque en un día de niebla. He de admitir que lo de intentar matarnos en sueños ha sido un golpe de genialidad.

Como esto de huir por parajes industriales mientras me persigue alguien con un gusto espantoso para la moda -¿Jersey de rayas, vaqueros y sombrero de cowboy? Debes de estar de broma, amigo- no está dentro de mis hobbys, tendré que pensar lo antes posible como salir de esta. Pero si es verdad que estamos en los sueños, pues eso repite histriónicamente una y otra vez el cara cuero éste, ¿cómo podría escapar de mis propios sueños? Sin duda estar encerrado con un psicópata peligroso que mata a través de los sueños es lo que podríamos definir como un gran problema ontológico pero, ah, recuerdo alguien que siempre le gustaba hablar sobre los sueños.

Según el filósofo Descartes uno de los grandes problemas fundacionales para el hombre es, ¿como sé que no estoy durmiendo? Para él, según desarrollaría en las Meditaciones metafísicas, podría ser que yo estuviera soñando y por tanto no habría forma alguna de poder dilucidar la diferencia entre vigilia y sueño. Bajo esta tesitura el gran filósofo francés irá comprobando como no hay ninguna forma del pensamiento humano que pueda diferenciar entre la vigilia y el sueño pues, en último término, el hombre es incapaz de distinguir ambos aspectos porque los sueños pueden mostrarse como completamente coherentes con la realidad lógica del mundo. La verdad es que no se ustedes, interlocutores sin voz ni voto inmediato, pero yo sí que he tenido en más de una ocasión sueños que no he podido distinguir de la vigilia hasta el punto que he tenido que constatar los hechos con otras personas para poder distinguir lo que fue veraz y el qué ficción. Bajo esta tesitura efectivamente no puedo saber si estoy soñando o, en realidad, estoy despierto con un tío con un apellido en alemán que no estoy seguro que nadie sepa pronunciar bien.

A este respecto nos diría Descartes, sintetizando mucho su filosofía, pues no estamos para perder tiempo mientras intentan darme de cuchilladas, que el único valedor de que estamos despiertos es la existencia de Dios. Por supuesto si existe El Gran Truco Cósmico®, lo que los creyentes prefieren llamar Dios, entonces podemos saber que la realidad de hecho existe porque Dios es bueno y el nunca engañaría mis sentidos. Así, de golpe y plumazo, sin mayor significación, se asegura que efectivamente yo sé cuando estoy despierto y cuando dormido porque un ser superior vela porque no pueda vivir engañado. ¿Y qué ocurriría si hubiera un genio maligno que engañara mis sentidos que se llamara, que se yo, Krueger? Entonces pudiera ser que mis sentidos me engañaran pero Dios, que es infinitamente poderoso, revertiría ese proceso porque además de ser infinito en su poder lo es en su bondad, lo cual es una fortuna para los creyentes. El problema, señor Descartes, es que mi creencia en Dios se muestra algo limitada en estos tiempos escépticos donde la técnica predomina por encima de la fe, ¿qué puedo hacer entonces?

La verdad es que no podemos estar seguros jamás de que efectivamente no estoy soñando o que un genio maligno alemán está engañando mis sentidos, vivimos necesariamente con la incertidumbre de que quizás nuestra vida es pura falsedad. Bajo esta perspectiva la verdad es que lo más fácil sería rendirme pero aun me guardo un as bajo la manga con apellido germánico: la disolución de los falsos problemas de Wittgenstein. Según el vienés más perturbado de la historia, lo cual tiene por sí mismo un cierto mérito, algunos problemas filosóficos no son tal sino que son meros problemas surgidos de interpretaciones morfolingüísticamente erróneas y, por tanto, su resolución es imposible y lo que hay que hacer es disolverlas. Para el caso particular de Descartes nos diría Wittgenstein que sólo hay dos posibilidades a través de las cuales abordar el problema, o bien tenemos el recuerdo de un momento anterior al sueño en que estuviéramos despiertos o no. En el primero de los casos, si recordamos un momento en que hemos estado despiertos, entonces podemos afirmar con fuerza que efectivamente estamos dormidos y soñando por lo que nuestro problema se ve disuelto; en el segundo de los casos, si no recordamos un momento en que hemos estado despiertos, entonces el sueño es indistinguible de la realidad y por tanto esta es nuestra verdadera realidad por lo cual el problema se ve disuelto.

Estoy jodido. La conclusión es que o un maldito psicópata a vuelto de entre los muertos para mandarme a hacer una visita a mis parientes remotos o, peor aun, que resulta que es capaz de matarme en mis sueños y todo está en mi mente -malditos idealistas, ¡siempre embriagando las mentes con la interrelación necesaria mente-mundo!-. Bajo esta perspectiva el problema es que esté soñando o no es imposible constatar de facto ninguna de las dos porque, de hecho, podría haberme dormido y no recordarlo. Sin saber ni como estoy arrojado en un mundo donde los psicópatas que quieren hacerse un sombrero con mi culo vuelven de entre los muertos. Bueno, sea como sea, quizás este sea el momento de empezar a filosofar a martillazos con las entrañas del ex quemado.

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~ por Álvaro Mortem en 24/01/2012.

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