Michel Foucault: El terror se esconde en la fuente de la normatividad social

Cuando uno se mete en la profesión de la carnicería ilustrada, del descuartizamiento táctico, del requiebro místico ante la muerte, en lo último que piensa es en las consecuencias sociales específicas que conllevarán sus acciones. Cuando yo comencé con el desgajamiento de jóvenes adolescentes se creo una confusión y un caos notorio; desaparece un chico, después otro, encuentran pistas confusas, intentan ocultarlo a los medios y finalmente estalla el terror ante un psicópata que ha destruido de forma metódica un vecindario entero. Así se crean las leyendas. Ahora bien, algunos de nosotros somos lo suficientemente ilustrados como para saber que nuestras consecuencias tienen actos sobre la sociedad y, aun más importante, nuestros actos pueden estar secundados por lo que la sociedad ha hecho de nosotros. Esto, lejos de ser la típica excusa estomagante de no me comprendéis, es que el mundo me ha hecho así, es una realidad tan definida como terrorífica: la sociedad y sus sistemas de exclusión crean a los criminales en su propio beneficio. ¿No me creen? Es lógico, permítanme presentarle a mi amigo Michel Foucault.

Un igual de calvo que en sus momentos de cenit bebe Michel Foucault nació un quince de Octubre de 1926 en la ciudad de Poitiers, en Francia, hijo de un reputado cirujano de la comarca. Esto le repercutiría de una forma notoria, pero su mayor acontecimiento vital nacería a partir de asistir al colegio jesuita Saint-Stanislaus; como es lógico es duro ser un intelectual homosexual adolescente, lo cual le llevo a una depresión crónica con varios intentos de suicidios que lo dejarían a las puertas del internamiento psiquiátrico. Esa combinación de hechos, aunados a las clases de Gastón Bachelard, le determinarían a seguir una postura post-estructuralista, la crítica de las teorías que fundamentan la realidad social a través de la constitución de instituciones sociales.

¿Qué nos diría Michel Foucault, particularmente en su sugestivo Vigilar y Castigar? Que toda la base de la sociedad a partir de la modernidad es cimentar una serie de instituciones que fomenten una represión constante del individuo, precisamente, como el mismo título indica: vigilando y castigando las acciones que la sociedad instiga como negativas. Es por ello que ya de entrada nos dejará en una situación despreciable, la de 1984 de George Orwell, pero también de cualquier distopía de cualquier clase; nuestra vida es vigilada de forma constante por diferentes instituciones (la cárcel y la clínica, pero también el colegio o la iglesia) a través del cual se nos adoctrina en el pensamiento normal, tachando de patológico todo aquel que se salga de los intereses de la sociedad/Estado. Si alguna vez han tenido cerca un niño nervioso o con mucha imaginación al que le han diagnosticado una enfermedad mental por ello, si alguna vez han conocido (¿quizás en sus propias carnes?) como alguien resulta ser excluido por lo patológico de su condición política o sexual -y esto, además, no ha de venir necesariamente del estado, la homofobia de la iglesia católica es un ejemplo perfecto de esta discriminación- sabrán perfectamente a qué se refiere Foucault con todo esto. ¿Y cual es la excusa para perseguirlo? Que existe. Como existen los criminales necesitamos las cárceles, como existen los locos necesitamos los psiquiátricos, como existen los pecadores necesitamos las iglesias.

Lo problemático es que todo va un paso más allá. Las patologías no son sólo comportamientos que se remarquen como patológicos, sino que en ocasiones el propio control que se ejerce sobre los cuerpos crea las particulares patologías que estos mismos acusan en ellos. Piensen en el pobre y pequeño Jason Voorhees, un niño discapacitado al cual atosigan y maltratan de forma miserable por ser patológicamente diferente, por ser un bicho raro; ¿por qué volvería para vengarse de la sociedad que le mató? Porque ellos lo condicionaron, porque la sociedad le convirtió en un asesino al enseñarle que la única relación posible entre lo normal y lo patológico es la violencia asesina inmisericorde. Si mataron a Jason Voorhees por discapacitado, crearon todas las condiciones necesarias para que éste volviera matándolos a ellos por ser normales, por ser repugnantemente normales. Y esto lo alienta la sociedad entera. La sociedad legitima una serie de poderes, una serie de conocimientos como la medicina o el derecho, a través de los cuales se delimita que es lo normal para que todo lo que caiga fuera de ello deba ser acreditado como patológico. ¿Para qué? Para mantener la idea de lo normal. Se destruye de forma sistemática a aquel que puede disruptir el canon que beneficia a unos pocos, a aquellos que deciden qué es lo normal, porque es más fácil matar o aislar en prisión a un Jason Voorhees que intentar comprender su anormalidad misma.

¿Han estado ustedes alguna vez encerrados en un psiquiátrico? Además de paredes muy mullidas, lo único que hay son drogas y tratamientos contra tu voluntad porque estás enfermo, porque no ves la realidad como es en realidad. Se destruye el cerebro y la voluntad hasta que se acepta la realidad como la ven la mayoría. ¿Qué es la cárcel si no lo mismo?¿Y el colegio acaso no se basa en premiar la memorización y en castigar la imaginación o el pensamiento crítico? Oh, sí, por supuesto que es así. Por eso, la próxima vez que les cuente como arranqué el cuello a una jovencita rubia de pechos obscenamente grandes para hacer un cenicero demodé al estilo victoriano, plantéense si quizás mi comportamiento, pero también el suyo, no vienen movidos por los condicionamientos sociales que nos han sido impuestos desde nuestro nacimiento para ser forjados como normales. Piensen bien sino será que lo enfermo es una sociedad que nos adoctrina toda nuestra vida para ser normales, para no salirnos ni un ápice de nuestro camino de borreguitos hacia el matadero.

~ por Álvaro Mortem en 22/05/2012.

Una respuesta to “Michel Foucault: El terror se esconde en la fuente de la normatividad social”

  1. Foucault señala, utilizando la categoría biopoder, esa normalización, sea por medio de la disciplinacion del cuerpo sea por la regulación de las poblaciones; anatomopolitica y biopolitica son dos tecnologías que mantienen, producen y reproducen la racionalidad capitalista.

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